Cuidadores capacitados en demencia, rostros familiares (sin rotación de desconocidos), técnicas de redirección y adaptación del hogar para garantizar la seguridad. Atención especializada para la memoria sin tener que abandonar la casa donde ha vivido durante cuarenta años.

Trasladar a una persona con demencia a un centro —incluso a uno bueno— a menudo agrava los síntomas. El entorno desconocido, la rotación del personal nocturno, la ausencia de fotografías familiares: todo ello acelera el deterioro.
La atención a domicilio, con el cuidador adecuado, logra el efecto contrario. Las paredes resultan familiares, el dormitorio conserva su olor habitual y el cuidador es la MISMA persona día tras día, no alguien distinto en cada turno.
¿Etapa inicial? Incluso unas pocas horas de compañía a la semana pueden prolongar durante años la estancia en casa.
Ya sea que esté enfrentando un nuevo diagnóstico o listo para traer el cuidado a casa, un coordinador de cuidado le explica sus opciones. Admisión bilingüe. Sin cargos, nunca.
Etapa inicial. Unas horas al día para comidas, recados, actividades ligeras y ofrecer a la familia un verdadero descanso.
Etapa intermedia. Un cuidador en el hogar las 24 horas, con tiempo para dormir. Diseñado para garantizar la continuidad en los cuidados.
Etapa avanzada o riesgo de deambulación. Dos o tres cuidadores se turnan y permanecen siempre despiertos; nadie duerme durante la noche.
Atención inicial bilingüe. Consulta sin presiones. Escuchamos y luego proponemos.